“Too Young to Die, too Old to Rock n’ Roll”,
un recuerdo nostálgico
Era un jueves en la noche. Creo que eran las 8
cuando salí de mi casa en la 100 con 7ª hacia la 85. Pasando en frente del
Carulla de la 85, el taxista pensaba que le iba a pedir que siguiera hacia al
sur, en donde se encuentran todos los bares y rumbeaderos de Bogotá, pero
rápidamente le indiqué lo contrario: que cogiera a la derecha y bajara por toda
la 85. Dadas las circunstancias de aquel día, se prestaba como para que me
fuese de rumba, pero me esperaba una cita con un amigo, varias cuadras abajo.
Apenas llegué a su casa, a eso de las 8:30, por cuestiones del estresante
tráfico capitalino, me fijé en el edificio de mi amigo, ubicado en la 86 con
16. La fachada blanca no era muy bonita que digamos, puesto que se sabe que en
la carrera 15 las calles tienden a estar hundidas, pero se veía grande. Apenas
entré fue otro cuento…
Ya estando en casa de mi amigo me pusieron a esperar
en el lobby, mientras él llegaba. La decoración era bastante bonita, pero yo no
venía a ver la decoración de la sala particularmente, sino de su cuarto.
Pronto, salió de una esquina un niño y me dijo que pasara. Que siguiera.
Después, me invitó a varias cervezas y no supe cómo decirle que no, puesto que
no tenía ganas de tomar pero sería descortés de mi parte el no aceptar su –tan
gentil- invitación. Fue ahí cuando recibí un vaso puro de Ron Bacardí de Limón.
Estaba rico: un poco cargado, pero rico. El niño se sirvió uno también y
empezamos a hablar. Él era trigueño, delgado y medía un poco más de metro y
medio; además tenía ojos y pelo café oscuro, cejas pobladas, labios pequeños y
resecos. Al ser tan flaco se le alcanzaban a delinear algunas partes de la
cara, se podría decir que tenía facciones muy delgadas, hasta el punto en el
que había un tenue delineamiento debajo de los ojos, similar a las ojeras. En
cuanto a la vestimenta, tenía una camiseta negra de Led Zeppelin y unos jeans
gris oscuro. Este niño común y corriente a los ojos de cualquiera tiene un don:
es artista, música. Con tan solo 14 años, Santiago Mejía Barbosa, mi
‘amiguito’, ya tiene su propia banda de rock: Ósmosis.
De ahí, empezamos a charlar, me empezó a contar de sus diferentes experiencias, como cuando empezaron a tocar sin fundamento alguno en sexto grado hasta la fecha y su respectivo progreso. Todo esto mientras yo tomaba Bacardí a la par de ellos. Sonará raro, dadas las diferentes estaturas y edades, pero admito que me embriagué durante un buen rato en la charla. La cabeza se me movía un poco para el momento en el que me empezaron a hablar de su banda y raíces. ‘Santi’ me contó cómo su banda había tenido sus fundamentos en bandas similares a las que a mí me gustan, como Pink Floyd. Posteriormente, me habló de sus aspiraciones y me frustré un poco al saber que para ellos/él no era nada más que un simple hobby, pero que era la pasión de sus vidas y fue ahí cuando Santi me dijo "todos siempre hemos querido tocar una canción y eso es lo que hacemos, reproducir, pero desde nuestro punto de vista".
Más que nada, fue ahí cuando entendí en medio de mi borrachera que andaba en medio de un auténtico amante del arte musical.
Poco después pasó a mostrarme su cuarto, en donde
había una batería en toda la mitad de su cuarto, además de varios discos, LP’s
y afiches de diferentes bandas. El paseo fue corto, fue un simple deleite para
mis ojos el poder visualizar una gran colección de CD’s de AC/DC, Pink Floyd y
Led Zeppelin, entre otros, o el ver un afiche enorme de DSOTM (Dark Side of the Moon) en toda su pared.
El estilo era bastante chévere. Paredes anaranjadas que resaltaban bastante
bien con los diferentes posters, en su mayoría de fondo blanco o negro. En ese
momento, Santi me empezó a mostrar un poco de sus acordes y canciones, un poco
de Zoociedad (una de sus mejores canciones, a decir verdad), mientras yo me
recostaba en un cojín rojo que había en su cuarto. En medio de mi trance,
empecé a sentir que se me estaba haciendo tarde, puesto que los viernes por la
mañana tengo clase de 7.
Apenas vi la hora me levanté, ya marcaban las 12 de
la noche, estaba ‘prendido’ y no en mi casa.
Fue ahí cuando me levanté del cojín y le agradecí por todo, y que si por
favor me podía pedir un taxi. Mientras él lo hizo, hubo algo que captó mi
atención, algo que no había visto hasta este momento. ‘Santi’, después de
pedirme el taxi, rápidamente se dio cuenta de qué era eso que había atraído mi
atención, y pronto me lo mostró más de cerca. Fue un tipo de éxtasis, podía
palpar algo que hasta ese momento me parecía inalcanzable. Era una foto de
Santiago en un avión con mi mayor ídolo de rock: Angus Young, guitarrista de
AC/DC. En ese momento me entró un tipo de nostalgia mientras pensaba en mi
‘época rockera’ que tuve a la misma de él. Al ver esa foto en mis manos sentí
lo mismo que siente un abuelo de 70 años cuando se ve a sí mismo a los 20 años:
rejuvenecimiento, nostalgia, alegría, recuerdos de una época que fue bella. Y
justamente fue en ese momento en que llegó un taxi de placas VUO 472 a la casa
de mi amigo y tuve que partir…
¿Sociedad, suciedad, o Zoociedad?
La
entrada es de 20 mil pesos este sábado para cualquiera que quiera entrar al
Hard Rock Café de Bogotá, en el Centro Comercial Atlantis. Una banda con un
nombre llamativo está por presentarse: Ósmosis. Hasta este momento todo parece
normal, hasta que empiezan a entrar al bar, no ‘café’, unos niños de 15 años.
En la entrada, los guardias les espetan que qué creen que hacen ahí, que sólo
pueden entrar mayores de edad. Uno de los niños de ahí le muestra un papel y
pronto el guardia guarda la compostura y decide dejarlos entrar. ¿Será acaso
otro caso más en Colombia de ilegalidad? ¿De dejar que menores de edad consuman
licor? Una vez adentro se espera a que
toque esta gran banda, pero las cosas cambian rápidamente: los niños de la
entrada se montan a la tarima. Basta con mirar alrededor y ver que uno está en
un bar de verdad, y no uno de niños, para entender que la vaina va en serio.
Son cinco
los miembros que integran esta banda, este Ósmosis, y todos muy parecidos en
cuanto a ‘look’: pantalones entubados, camisetas negras y cabello desajustado.
Hay dos guitarristas, un baterista, bajista y cantante. Cabe aclarar que en el
momento en el que se paran en la tarima alcanzan a estar ya un poco más alto
que los demás, pero aún notándose la amplia diferencia de contextura y altura
entre aquellos jóvenes de 14 años y los que están sentados en el bar. De un
momento a otro, uno de los integrantes coge el micrófono, como todo un rockero
(es decir, con las dos manos apretando fuertemente el mango) y dice con una voz sobria: “esta canción es para
todos ustedes. Se llama Zoociedad”
Las luces
se apagan y empiezan a tocar. El lugar está oscuro pero empiezan a sonar los
instrumentos de forma melódica y armoniosa. Pero ya que se trata de una tocada
de rock n roll, rápidamente empieza el estruendo: la guitarra rechina, como si
estuviera gritando solita. Próximamente empieza a entrar la batería y,
posteriormente, la segunda guitarra, la rítmica. Las luces se vuelven a
encender, suavemente, pero ahora de color morado y azul sobre la cara del
cantante. El público alrededor parece conocer la canción, y se empieza a
escuchar alguna gente corear o tararear la canción, en un intento de seguir la
lírica tan creativa por parte de unos infantes del rock. La canción terminó
como lo habría hecho cualquier grande, ya sea AC/DC, KISS, Def Leppard, Guns N
Roses o Mötley Crüe: un espacio para que resuene la batería, y todos los
instrumentos cierran al mismo tiempo, mientras todos apuntan hacia abajo. La
gente aplaude, y con una actitud bastante fría y seca, el cantante parece
distanciado ya del público que corea alegremente el nombre de la banda. No dice
absolutamente nada sino que se echa para atrás unos cuantos pasos, pasan unos
segundos, y vuelven a tocar nuevamente. Así sucedió varias veces en la noche,
hasta que se terminó la tocada. No tocaron más de 20 minutos los muchachitos escuálidos
estos, pero con esos 20 minutos de fama y gloria les bastó para quedar en el
corazón de la gente que estuvo este sábado en el Hard Rock Café. Hago una
última aclaración: al salir del bar, se ve pegado a la pared una cantidad de
fotos de artistas importantes, y de guitarras firmadas. En ese momento, en
medio de las fotos oscuras, en blanco y negro, parece que existe un espacio
para algún nuevo artista, y parece que el momento ha llegado para Ósmosis. Como
el significado de la palabra implica, es tiempo de balancear la época del rock
n roll para darle un nuevo toque.
Y creo que va a ser
un largo, largo tiempo (And I think it’s
gonna be a long long time) con Elton John
1970.
Año esplendoroso para el Rock N Roll. Bandas como Aerosmith, The Beatles, Led
Zeppelin, The Doors, Rolling Stones, The Who, entre otras, tienen acaparada la
atención de todo el público londinense, pero no vamos a hablar de este tipo de
género sino de otro: el pop. Sentado en el Club Troubadour se halla Reginald
Kenneth Dwight, un
joven británico de 23 años con pelo mono largo. Este muchacho se halla sentado
ahí, en este bar, escuchando una canción que parece sabérsela de memoria. Y
cómo no sabérsela, todos se la saben, se llama your song: tu canción, en inglés. Pero les diré la verdad: jamás
escucharán que lo llamen por Reginald, Ken o Dwight… mejor llámenlo Elton.
Elton John. Y pensar que este hombre, dentro de unos cuantos años se volverá en
una insignia para el mundo del pop. Será reconocido como el Rey del Pop, o la
Reina del Pop… pero eso es un cuento largo que vendrá más adelante. Estando ahí
sentado en una silla alta, me le paro al lado, y de forma empática le pego una
mirada, y pronto él se da cuenta que estoy al lado de él, dispuesto a hablar.
LF: Hola, Dwight, o diré Elton?
EJ: no, no, no, por favor dime
Elton. Así me dice mi mamá únicamente
LF: Según tengo entendido, fue bajo
ese nombre que inició en the Royal
Academy of Music
EJ: Ahh, sí, eso fue hace un tiempo,
ahí fue donde aprendí a tocar piano y recibí una beca cuando era pequeño. De
ahí toqué el piano mucho tiempo bajo ese nombre.
LF: Su mentor es Roger Hodgson, ¿no?
O fue, mejor dicho, porque tengo entendido que acaba de arrancar con una banda
llamada Supertramp, y que tienen un
LP con el mismo nombre.
EJ: ¿En serio? No sabía.
LF: (risas) No hay problema, pero
cuénteme… ¿cuando usted toca piano a quién se trata de asemejar?
EJ: en general me gustaba mucho The
Beatles, creo que de ahí hay un poco de influencia en mí, aunque también he de
admitir que me gusta muchísimo Bob Dylan, y que hay varios de sus temas que me
gustan mucho.
LF: A quién no le gustan los Beatles.
Pero a quién no le gusta, hoy por hoy, tu canción: your song.
EJ: Yo sé, la música es genial, fue
pensada en una mujer que tanto amo. Como dice la letra: “and you can tell everybody this IS YOUR
SONG, it may be quite simple but, now that it’s done, I hope you don’t mind, I
hope you don’t mind, that I’ve put down the words. How wonderful life is, while
you’re in the world”.
Me quedo pasmado al escucharlo cantar. Pareciera como si acabara de
escuchar una de sus sesiones en BBC, y no al mismísimo John Lennon cantar.
Los siguientes cinco trabajos corresponden a la materia de Redacción de Crónica: Prensa. Entre éstos, se encuentran en el siguiente orden:
- Exposición y tema de crónica: Rock N Roll
- ¿Sociedad, suciedad o Zoociedad?
- Los objetos que ocupan mi Cuarto (A Propósito de “Objetos que ocupan mi mesa de trabajo de George Perec”)
- Reflexión sobre el manejo que reciben los temas en el periodismo colombiano.
- Sunset Boulevard, la película al igual que un bulevar.
1. Exposición y tema de crónica: Rock N Roll
El Rock ‘N’ Roll como género musical nació en la década de los 50 y tuvo como su máximo exponente a ‘El Rey’ Elvis Presley. Fundamentado en el jazz, folk y blues, fue en la década posterior en la que el Rock N Roll tuvo su mayor impacto a nivel sociocultural y terminó dividiéndose en toda la cantidad de géneros que hoy en día conocemos como el Rock, Hard Rock, Rock Clásico, Progresivo, Psicodélico, entre otros.
Iniciando el año de 1960, una de las más grandes y reconocidas bandas de rock surgiría en ese año y la cual sería una insignia para todos los demás: The Beatles. Junto a estos, y con el pasar de los años, se fueron uniendo grandes intérpretes a la ola del rock clásico como The Rolling Stones, The Doors, The Who, Jimi Hendrix Experience, Black Sabbath, entre otros. Cabe aclarar que no fue hasta finales de la década de los 60, con toda la era hippie en su máximo auge (debido a la guerra de Vietnam) que empezaron a surgir nuevos géneros de rock, pero con ciertas raíces basadas en el jazz y blues, como lo fueron, inicialmente, el Rock Psicodélico y, posteriormente, el Rock Progresivo. Bandas como Pink Floyd, Led Zeppelin¸Rush, Yes, entre otras, surgieron de esta manera y partieron de este estilo para luego sacar su propio estilo con el pasar de los años.
Comúnmente se llega ha llegado a pensar que el éxito del rock se partió en tres bandas distintas. Los Beatles, entre 1960 y 1970, cuando dieron giras mundiales de gran magnitud y fueron aclamados por todo el mundo, hasta el punto en el que uno de sus miembros, John Lennon, llegó a decir que “eran más grandes que Jesús”. Posterior a esto, llegó la era de Led Zeppelin, la cual vino entre 1970 hasta 1975, cuando abrieron con su tan-conocida-canción Stairway to Heaven con su álbum desconocido y cerraron con su obra maestra Physical Graffitti. Justo en el momento en el que la banda oriunda de Gran Bretaña decaía, el movimiento que generaba Pink Floyd iba cogiendo cada vez más vuelo. Con sus LP’s tan controversiales como Animals y The Wall, la banda que había iniciado en 1968 con Piper At The Gates of Dawn culminaba su etapa como una de las mejores bandas de rock en la historia cuando su cantautor y mente maestra, Roger Waters, abandonaba la banda en 1983.
Cabe aclarar que entre la década de 1980 y 1990 se considera que hubo un bache en la era del rock, debido a que otros géneros como el Punk y Metal fueron cogiendo fuerza y relegaron a este género a un segundo plano.
Desde la creación del Rock N Roll, y el auge del género en el país en la década de los 90, al igual que la constante visita de agrupaciones al subsuelo colombiano en este nuevo milenio, cada vez hay más personas agrupándose para formar diferentes tipos de bandas. El estudiar este fenómeno se puede percibir no sólo en la música y su contenido lírico sino en el comportamiento sociocultural del colombiano y en las diferentes tribus y sectas que se han ido creando y arraigando con el tiempo.
2. ¿Sociedad, suciedad, o Zoociedad?
Entro a Hard Rock Café. Es un sábado… supuestamente el hermanito menor de un amigo mío va a tocar y todo parece indicar que es muy bueno. De por sí el nombre de la banda es atractivo: Ósmosis. Con tan sólo 14 años, y otros 4 compañeritos de la misma edad, Santiago Mejía Barbosa se ha decidido lanzar al mundo de la fama y gloria: la del Rock ‘N’ Roll. Debe ser bueno desde que está tocando en uno de estos lugares pero ni siquiera yo sé si se necesita dar plata o ser bueno para tocar en un lugar de éstos, eso es algo que veré dentro de poco.
Sentado en una de estas sillas del bar, que no se porque se llama café, veo a los 5 jóvenes parados sobre la tarima. Es impresionante, yo no soy alguien muy alto, de hecho me considero alguien de estatura corta con mi 1.68 metros de altura, pero estos niños difícilmente llegan al metro y medio. Todo el mundo permanece estático y me acuerdo de la película ‘School of Rock’, cuando ven por primera vez a los niños y los insultan por estar tocando en un ‘tryout’ de gran magnitud.
La diferencia es que estos niños no tienen ninguna pinta de rockeros. Todo lo contrario, parecen más como si fuesen a tocar un poco de rock alternativo o funk, pero nada de Rock. En todo caso, uno de ellos, Juan Pablo, se para en la tarima y menciona la canción con la que tocarán: Zoociedad.
Increíblemente la gente empieza a corear poco después de que empiezan a tocar: el bajo retumba, la batería y los tambores suenan y resuenan, las guitarras estallan y el cantante empieza a gritar. Claro, todavía no son ningún AC/DC, ni nada parecido, pero tienen algo que prima más que la música cuando se trata de Rock N Roll: el rock n roll attitude. Vaya, yo de por sí tengo muchos problemas para dar una exposición de cualquier tema en mi Universidad y estos niños están cantando en frente de cien personas expresando todo lo que sienten: wow.
Terminada la canción, procedieron a tocar otra. Le pregunté al de al lado cómo se llamaba y me dijo que no sabía, por lo que me tuve que limitar a escuchar. Fue raro, porque pareció que el concierto era eterno (y era bueno, en verdad que sí), pero tocaron menos de 20 minutos. Antes de que finalizaran, ya todos coreaban “Ósmosis, Ósmosis, Ósmosis”.
El concierto, cabe aclarar, fue corto y sólo tocaron tres canciones, pero después de hablar con Santi, sólo podía decirle algo,- y que no era mentira dado que venía de todo corazón,- “Ud. Tiene mucho potencial.” Así, fue como terminó mi experiencia en un Hard Rock Café ese sábado en la noche. Una noche gélida, pero que a la vez fue calurosa debido a los gritos e ímpetu por parte de estos cinco jóvenes que embarcan en un largo viaje hacia la fama del Rock N Roll, algo cada vez más complicado debido a la gran competencia que existe. Pero lo cierto es que tienen tiempo, y, lo más importante, que tienen carácter y sed de triunfo.
3. Los objetos que ocupan mi Cuarto (A Propósito de “Objetos que ocupan mi mesa de trabajo de George Perec”)
Entro a mi cuarto, uno que alguien dimensionalmente podría ser pequeño. Un cuarto de aproximadamente 4 x 5. Cuatro por cinco, un espacio que cualquier persona camina habitualmente. Este espacio es el que conforma mi cuarto. Primero, camino por el pasillo y miro a mi derecha, donde está mi cuarto. Hace menos de dos meses había una puerta de madera café, robusta, y con la chapa un poco desaflojada. Hoy por hoy no hay madera: sólo hay una bolsa negra, llena de polvo, que cuelga desde la parte superior del marco de madera. Es curioso, porque la bolsa está pegada desde el tope y desciende, pero no llega hasta abajo sino que está amarrado con la misma figura que tendría el símbolo de paz. El piso está sucio y lleno de polvo también. Para cualquier persona, pensaría que vivo en un edificio en ruinas. Y sí, efectivamente vivo en un edificio en ruinas, dado que mi casa entera está bajo construcción, pero luego regresaré a ese tema… regresemos al piso. El piso, de color gris manchado, solía tener un tapete ahí. Ahora, son solo escombros de lo que alguna vez estuvo ahí. Manchado entre gris clarito y gris oscuro, específicamente de cemento nuevo para ser exacto, mi cuarto se asemeja a un dálmata: manchas por aquí y manchas por allá, pero sin una definición absoluta de si es uno o el otro. Mi cama también tiene una bolsa negra encima. Es peculiar, para cualquier persona que entre a mi cuarto, y únicamente a mi cuarto, pensaría que alguien habitó este dormitorio hace mucho tiempo y que todo fue puesto bajo un pedazo de plástico grueso para cubrirlo: muy parecido a lo que parecería el ático de cualquier película de terror donde todos los muebles están tapados con una tela o sábana. En mi caso es muy similar, sólo que con un plástico negro.
Mi cama, en toda la mitad, abarca en su mayoría el 4 x 5 del que hablamos anteriormente. Siempre he pensado “esa cama está muy mal ubicada”. Sitúense en un cuadrado y que en ese cuadrado, en la parte superior, hay una línea vertical que llega casi hasta la línea inferior. ¿Los otros lados? Básicamente desocupados. Siempre he pensado que debería acomodar esa cama de forma paralela a la línea superior de mi cuarto. Así, habría mucho más campo. ¿Para qué el campo? Quien quita que algún día quiera jugar Twister, hacer abdominales y ‘lagartijas’ ahí o que simplemente me ponga a hacer ‘veintiunitas’ con un balón en ese espacio. El hecho es que no existe, y que me tocaría mover mi tétrica cama negra para tener este espacio que tanto anhelo.
Y bueno, veo nuevamente mi cuarto: todo está lleno de polvo. Me asqueo, y pronto me pongo a toser y me acuerdo que debo ponerme un tapabocas, hasta que se haya aireado mi cuarto. Pero al hacerlo miro mi pared. Está blanca, sí, pero tiene una clara división entre: quien fue el hijo de papi y mami, y Luis Felipe. En el lado A, el cual se haya más cercano a la ventana y pegado al lado derecho de mi cama (si es que uno se acuesta ahí, claro, porque si uno lo ve desde afuera sería el lado más lejano) se haya el niño de mami y papi, con una foto de un niño con peinado de ‘champiñón’ de 5 años, una cruz para enaltecer al Altísimo, y unas cuantas cabezas de pescados disecados. El niño soy yo, sólo que 16 años atrás; la cruz representa la religiosidad que mis papás instauraron en mí desde que nací, y los pescados… bueno, eso es un poco más bizarro. Tendría que llevarlos a aquella época, años atrás, en la que mi abuelo paterno, Jaime, iba de pesca por el Chocó con los indios. Muchas historias podría contarle sobre Jaime. Si mi cuarto es raro, entonces deberían ver la sala de él: llena de culebras y pescados disecados, revólveres, escopetas, arcos y cualquiertipo de arsenal antiguo que cualquiera se pueda imaginar. Y es que él antes iba de cacería y se llevaba todo animal que le significara algo dentro de su enorme y larga aventura o travesía. Pero bueno, esa es la sala de mi abuelo, en mi cuarto está colgada la cabeza de una piraña con una flecha. Tranquilos, mi abuelo no es un indio, ni yo tampoco, pero mi cuarto está así. Hasta ahorita en que escribo me pongo a pensar: ¿Por qué sigo con una piraña y una flecha en mi cuarto? Viéndolo de esa manera, cualquier persona debe pensar que soy un enfermo mental y que yo mutilé a esa piraña. Ese es el lado A de mi cuarto. El lado B de mi cuarto es el que me define a mí, Luis Felipe Naranjo Duplat, de 21 años y quien es apasionado fervorosamente por la música de rock en inglés.
El lado B hasta ahora está iniciando. Si mi casa está en remodelación, al igual que mi cuarto, por el exterior, todavía hay remodelaciones, dentro de mi cabeza, que falta por hacerle. El lado B, el que está más cercano a nosotros, tiene varios afiches de bandas: AC/DC, Pink Floyd y Judas Priest. Tengo el reloj de AC/DC colgado en la esquina superior de mi cuarto. Como podrán darse cuenta, AC/DC es mi banda preferida. Los posters fueron mandados a enmaderar, con el fin de no ´dañar´ la pared, y están colgados. El que más me gusta es el de Pink Floyd porque es el álbum Dark Side of the Moon entonces resalta muy bien con la blancura y virginidad de mi cuarto. Todos estos posters representan a un gusto que viene creciendo en mí desde que tengo 13 años y que han sido mi brújula para la colección que más añoro, y de la cual les hablaré ahorita: los CD’s.
Bueno, hasta ahí, mi cuarto está organizado, pero siéndonos honestos… ¿qué cuarto está perfectamente organizado y delineado? Por lo menos el mío no lo está, entonces antes de hablarles acerca de mi colección de CD´s, algo invaluable para mí, les contaré un poco más de mi cuarto. Pero primero, hay que tener en cuenta el espacio visual. Acordamos en que cogíamos por un pasillo y veíamos, a mano derecha, un cuarto sin puerta, ¿verdad? Ahí, si uno se para de frente, uno ve espacio, cama, espacio, ¿cierto? En el lado más lejano está mi lado A, y en el más cercano está el lado B. Entonces, en el lado derecho del cuarto están pegados todos mis afiches, en frente de nosotros está la ventana, y a nuestra izquierda está todo lo de mi cuarto que podría representar algo para mí: recuerdos viejos, botellas, CD’s, apuntes viejos, ropa, accesorios de ciclismo, un clóset, etc. Es en este lado en el que se vuelve verdaderamente interesante.
Sentados sobre la cama podemos percibir mi colección de CD’s, el cual consta de 85 CD’s. Podría nombrar cada uno, y por su respectivo género y artista, pero me demoraría una eternidad; entonces, me limitaré a decir que tengo 13 CD’s de AC/DC, todos los de Pink Floyd (con Roger Waters, claramente) y Led Zeppelin menos Obscured by Clouds y Presence, respectivamente. Ahí también tengo unos 6 de Rush, Judas Priest y Yes, entre otros. Además de esta tan-apreciada-colección, atrás tengo unos ‘mugs’ que compré en mi última ida a Estados Unidos, un equipo de sonido (no está ahí de decoración, claramente), botellas de tragos que para mí representan algo: Quilmes, a Argentina; Absynth, a Italia, y… una de Absolut Vodka que simplemente me parece chévere. Junto a todo esto, están unos ‘souvenirs’ que tengo, cortesía de Andrés Chía y D.C., de los cuales se destacan un sombrero volteado, una taza para servir calditos y una cuchara. Aclaro: estos no me los robe yo, sino que me los dieron unos amigos a mí. Podría decir, en resumidas palabras, que este último pedazo, el cual parecería sumamente insípido para casi cualquiera, es de mi mayor agrado y lo que más amo de mi cuarto.
En conclusión, hay un sinfín de objetos en mi cuarto, y es justamente la sumatoria de todos estos objetos lo que hace una parte esencial de mí, ya que fui yo quien compró en su mayoría estos objetos y decidió ‘engallarlo’ de esta manera.
4. Reflexión sobre el manejo que reciben los temas en el periodismo colombiano
Normalmente se tiende a pensar del periodismo colombiano como un periodismo cavernario y precario. Las noticias son casi tan irrelevantes como los temas: un hombre que le tocó la nalga a una mujer y que tuvo que pagar 4 años de cárcel por eso, o el hombre que llamó a su hijo Nepomuceno Zeppelin Hitler Jesús (?) o del perro que inconscientemente decidió alimentar a una ardilla y tomarla como su cría. En conclusión, hablamos de un periodismo que cubre noticias sin trascendencia alguna y que se basa en las emociones del público. Hoy por hoy, los periodistas se preocupan más en sacar a la luz cualquier noticia antes que algo noticioso: eso es lo que nosotros conocemos. Sin embargo, periodistas como Laila Guerreiro, quien escribe para El Malpensante, dan a entender que esto no debe ser así. Que el cubrir una buena noticia debería ser un deber de todos los que ejercen en el medio, y que no necesariamente para ser alguien bueno se debe tener un diploma. El creer esto es algo errado, y es que justamente el periodismo, ya sea en Colombia o no, se fundamenta en la libertad de expresión. Sea un impedimento o no, hay que comprender que cualquier persona puede ocupar un puesto y dar una noticia, pero no necesariamente por tener o no este cartón que se adquiere en una Universidad se tendrá a este individuo un pedestal por encima. Cualquier persona puede escribir bien y puede hacer un buen ejercicio de reportería, siempre y cuando ésta se documente y se mantenga indagando de temas, inclusivo de aquellos que no le competen o interesan.
Asimismo, hay que saber diferenciar que informar no es denunciar, concepto que se ha ido deformando últimamente. Guerreiro dice lo siguiente del tema: “También es cierto que hay una confusión que los mismos periodistas alimentamos y que ha contribuido a sobrevaluar el rol del periodismo de investigación o de denuncia, al punto de transformarlo en el único periodismo serio posible. Esa confusión reza que el periodismo equivale a alguna forma de la justicia cuando, en realidad, los periodistas no somos la justicia”.
Sean los temas obsoletos o de ‘denuncia’, se debe entender que los temas deberían apasionarnos y buscar el bien común y social: informar. No buscar cumplir con una agenda y con el ‘deber de hacer algo’ o de buscar justicia como si fuésemos el Martillo de la Justicia.
5. Sunset Boulevard, la película al igual que un bulevar
La película Sunset Boulevard fue producida en 1950 por Billy Wilder y Charles Brackett, y fue llamada por la famosa calle que existe en Los Ángeles, en California, la cual está ‘infestada’ de estrellas y artistas reconocidos, al igual que los protagonistas de la película.
La película en sí tiene una secuencia lineal y se aborda con un ritmo lento, mientras que se podría afirmar que no cumple con el estilo ortodoxo de una película sino que se asemeja más a uno novelezco: las palabras priman sobre las imágenes. Sin embargo, el film inicia con el cuerpo yerto de nuestro protagonista Joe Gills, quien fue asesinado por su amante Norma Desmond. Mientras Joe habla nos enteramos que él nos va a narrar la historia de cómo llegó ahí, a pesar de que éste ya falleció. Ahí retrocede en el tiempo y es cuando se pierde un poco de ese estilo lineal al que se estaba tan acostumbrado en aquella época, como se puede ver en grandes películas como Casablanca, creada una década antes de Sunset Boulevard.
No obstante, la película, según relata su propio creador Wilder, fue hecha bajo las imágenes que éste percibía acerca de su vida. Como productor que se acababa de mudar a Sunset Boulevard, muchas de las veces él llegó a preguntarse cómo los artistas hacían para vivir sin estar actuando, específicamente, y de ahí surgió su adinerada y bien conocida artista Norma Desmond. La película, hecha en blanco y negro, se asemeja mucho al estilo de Charles Chaplin en el sentido de que las partes cómicas son resaltadas por la música mientras que las demás escenas no contienen nada de esto. Asimismo, la película se va oscureciendo en claridad a medida que la misma avanza. Dado que la trama trata acerca del asesinato de Joe Gills y por qué fue asesinado, en un principio las imágenes son más claras y resaltan más los detalles, mientras que al final tiende a ser más oscuro y opaco, previéndose de que algo sucederá más adelante, para aquellos que no se hayan visto el principio. Asimismo, los encuentros entre Norma y Joe tienden a ser también oscuros, y basta con ver la cara de la primera para ver la satisfacción que siente al estar al lado de él, mientras que el segundo hace facciones de disgusto y desaprobación.
En conclusión, y como todo el cine norteamericano de antaño sabe, Norma, la actriz adinerada, termina asesinando al amor de su vida, Joe, cuando se entera de que éste no ha sido más que una farsa y que se mudará con Betty, dado que su vida ahí ya no tiene sentido. Y es en este momento, en el que la película tiene sus enfoques más claros, de alguna manera resaltando el alivio para Norma y el desenlace del asunto.
TEMA: La reseña de la exposición está buena, falta el asomo al tema, no veo el primer indicio que diga de qué se va a tratar la historia.
ResponderEliminarDESCRIPCIÓN RELACIONADA AL LUGAR: Es gracioso el párrafo en el que se habla de estaturas, pero se corta el ritmo en ese momento. Esto no le dice nada al lector: “La diferencia es que estos niños no tienen ninguna pinta de rockeros. Todo lo contrario, parecen más como si fuesen a tocar un poco de rock alternativo o funk, pero nada de Rock”, está hablando de ropa, pero en definitiva no va a saber cómo están vestidos. No supimos bien en qué consistía el Rock and roll attitude de la banda.
DESCRIPCIÓN DE LA HABITACIÓN: Esto es ambiguo: “Entro a mi cuarto, uno que alguien dimensionalmente podría ser pequeño”, y no se puede ser así de entrada. Con mayor orden no se necesita anunciar la vuelta posterior a un tema, que además quita ritmo. Falta claridad, pienso que se concibe un texto en el que se dicen las cosas tal y como se hace en una conversación en la que existe la posibilidad de usar las manos y las expresiones corporales para hacerse entender mejor. Eso no debería ser así.
REFLEXIÓN SOBRE EL PERIODISMO: La periodista se llama Leila, no Laila. Hace falta profundidad en la reflexión, no se trata solo de asentir sobre los planteamientos de Leila.
PELÍCULAS: Es un buen ejercicio que repasa algunos conceptos importantes para determinar el tipo de estructura de una película, pero hizo falta aventurarse a clasificar específicamente la obra, al igual que tratar de hacerlo con las demás.
1. Los ejercicios de crónica, es decir, la descripción de los objetos y la de tu tema, demuestran una capacidad de narrar, de contar cosas, pero ambos han sido trabajados con mucho descuido en la narración, sin pensar muy bien en cual es el objetivo concreto, cuál es la idea que se quiere desarrollar.
ResponderEliminar2. La reseña sobre las películas y el periodismo, les falta a ambas ser más puntuales frente a los aspectos concretos de los que se habla.
Falta el ejercicio de diálogo con el personaje de la crónica. Por lo demás se nota la intención de narrar, tal vez lo que falta es fijar un norte para alcanzar más efectivamente el objetivo. La entrevista ficticia se centra mucho en el modelo P-R, y se podría aportar más.
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